Pánico
El trastorno de pánico, también denominado trastorno de angustia, se caracteriza por ataques de pánico crónicos, repetidos e inesperados (brotes de terror con sensación de estar en peligro cuando no hay motivo alguno para tener miedo). Entre un ataque de pánico y otro, quienes padecen esta enfermedad se preocupan en exceso sobre el momento y el lugar en que sobrevendrá el próximo ataque.
Lo más frecuente es que el trastorno de pánico aparezca por primera vez en la adolescencia o juventud, pero también puede desencadenarse en la infancia. La probabilidad de experimentar trastorno de pánico es dos veces más alta en las mujeres que en los hombres, y algunas personas pueden estar predispuestas genéticamente a este trastorno.
Signos y síntomas
Los ataques de pánico pueden acompañar distintos tipos de trastornos de ansiedad y no sólo ocurren cuando el paciente sufre específicamente de trastorno de pánico. A continuación, se enumeran los síntomas más comunes de un ataque de pánico.
Sin embargo, cada individuo puede experimentarlos de una forma diferente. Los síntomas que suelen presentarse pueden incluir:
- Fuertes palpitaciones del corazón.
- Sudor.
- Temblores o estremecimientos.
- Dificultad para respirar.
- Sensación de ahogo.
- Náuseas o dolores abdominales.
- Vahídos o mareos.
- Sensación de irrealidad o de estar desconectado de uno mismo.
- Temor de perder el control.
- Temor de "volverse loco" o de morir.
- Entumecimiento.
- Escalofríos o calores súbitos.
- Síntomas físicos que se asemejan a un ataque de corazón y, o dolor de pecho.
El pánico puede ser angustiante y discapacitante. Muchos de estos pacientes no logran realizar sus actividades diarias, faltan a su trabajo y se aíslan de su familia y amigos. El índice de personas que tienen síndrome del intestino irritable es más alto entre quienes padecen de trastorno de pánico que en la población en general. Es posible que el individuo recurra al abuso del alcohol como medio para aliviar su estrés.