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Ansiedad

Definición

Toda enfermedad que acontece a un individuo conlleva una alteración en la rutina diaria así como a un momento de inquietud y zozobra tanto del paciente como de la familia cercana. Si este padecimiento se transforma en una situación que dure por más de un mes es más que suficiente para alterar significativamente el rendimiento de la persona en las diversas esferas de actividad.

Todas las enfermedades crónicas tienen esas características. Sin embargo, sin que esto sea sencillo, si el paciente se adapta a la nueva situación de vida, si la acepta y modifica hábitos en consecuencia, es factible que exista un control razonable de la misma, pero ¿qué pasaría si la enfermedad es la que modifica sus hábitos? ¿Qué pasaría si la enfermedad es la que cambia su comportamiento, que cambia su manera de percibir y vivir en el mundo, si altera su capacidad intelectual o emocional?

Todo ser humano ha experimentado en algún momento de su vida ansiedad. Si en este instante evocáramos todo lo que sentimos y pensamos en esos momentos de angustia creo que ninguno de nosotros desearíamos volver a vivir esa experiencia. Esta pequeña prueba que todos conocemos no es nada con lo que un paciente con un trastorno de ansiedad vive día a día, ya que lo que para nosotros fue instante o un periodo corto para él es parte de su vida.

Una característica muy importante de los trastornos de ansiedad y de los relacionados al estrés es que, a diferencia de otras enfermedades crónicas, inician a muy temprana edad. Se estima que para la mayoría de estos trastornos su edad de inicio puede ubicarse en la adolescencia (15 años) y los rangos de edad en que se concentran la mayoría de los pacientes se ubican entre los 25 y 45 años de edad. Si esto lo traducimos en etapas de vida podemos observar que son sujetos que se encuentran concluyendo su formación profesional o iniciando su actividad laboral, o bien iniciando su vida en pareja, la llegada de los primeros hijos o bien, en inicios más tardíos, se podrían encontrar etapas de mayor productividad y explotación de la experiencia previa, cargos gerenciales, crianza de la prole, entre otras situaciones.

Bajo esta visión, no es difícil percibir que los trastornos mentales son unos de los padecimientos más costosos y discapacitantes que existen. Por ello, es importante que conozcamos su naturaleza, como identificarlos y alterativas para controlarlos antes de que la enfermedad sea tan avanzada que no podamos manejarla.

La ansiedad y el miedo son emociones universales. Cada uno de estos términos tiene significados específicos bien delimitados aunque en la práctica cotidiana se usan de manera indistinta. De esta manera, el miedo se define como una respuesta emotiva y fisiológica a una amenaza externa reconocida mientras que ansiedad es un estado displacentero cuyas fuentes no son claras o de difícil identificación. Ambos fenómenos se acompañan de síntomas autonómicos (propios del sistema nervioso autónomo) que a su vez conducen a la fatiga o agotamiento.

Tal vez al leer estos párrafos una duda natural que surge es cuando la ansiedad que se experimenta comienza a transformarse en una enfermedad. El límite entre la ansiedad normal y la patológica no es tan claro o preciso. Hay varios factores que intervienen como el tiempo de la vivencia, la intensidad de la misma, la incomodidad de una situación, pero sin duda lo que más claramente delimita esta frontera es cuando la ansiedad deteriora sustancialmente el estilo de vida, desempeño laboral o adaptación social. Aunque el sufrimiento en si mismo justifica el inicio de un tratamiento.